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Polisacáridos de algas

Fibras fermentables

Alginatos, fucoidanos, carragenanos, ulvanos: fibras que ninguna planta terrestre lleva.

Pocas microbiotas saben cortarlas. Las poblaciones que comen algas desde hace mucho han adquirido las enzimas para hacerlo, a menudo de bacterias marinas.

Efectos y beneficios

Fibras que ninguna planta terrestre fabrica, y una historia asombrosa: en muchos japoneses, bacterias del intestino tomaron de una bacteria marina el gen que permite digerir el nori. Alginatos y fucoidanos, por su parte, se convierten en ácidos grasos de cadena corta que hablan con el resto del cuerpo.

Las algas construyen sus paredes con azúcares desconocidos para las plantas terrestres: alginatos de las algas pardas, carragenanos y porfirano de las rojas, ulvanos de las verdes. La mayoría de las bacterias de nuestro intestino no saben cortarlos.

En 2010, unos investigadores encontraron en Bacteroides plebeius, una bacteria del intestino de japoneses, genes para digerir el porfirano del nori. Esos genes venían de una bacteria marina: generaciones de comidas con algas los habrían pasado a la microbiota. En norteamericanos casi no aparecían (Hehemann et al., 2010).

Los alginatos y los fucoidanos que llegan al colon se fermentan despacio en ácidos grasos de cadena corta, los mensajeros que la microbiota envía a la pared, al hígado e incluso al cerebro.

Una precaución: las algas pardas, sobre todo el kombu, son muy ricas en yodo. La ANSES desaconseja comer mucho y a menudo, en especial durante el embarazo o con un problema de tiroides (ANSES, 2018).

Fuentes: Hehemann et al., Nature, 2010 · ANSES, 2018

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Algas y microalgas