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Betaglucanos de setas

Fibras fermentables

Fibra de la pared de las setas, muy estudiada por su diálogo con las células inmunitarias del intestino.

Ningún vegetal lo aporta: es el único sustrato que solo llevan las setas.

Efectos y beneficios

Las setas hablan directamente con su sistema inmunitario. Sus paredes están hechas de betaglucanos que las células de defensa del intestino reconocen gracias a un receptor dedicado. En un ensayo, un poco de shiitake cada día hizo más activos a ciertos linfocitos en cuatro semanas.

Este diálogo no es casual: levaduras y mohos forman parte de los microbios que nuestras defensas deben detectar, y su firma es precisamente este betaglucano. Las células inmunitarias tienen un receptor que lo reconoce, la dectina-1 (Brown y Gordon, 2001). Comer setas es presentarles esa firma sin el menor peligro.

El efecto se ha medido en humanos. En un ensayo de cuatro semanas, de 5 a 10 g de shiitake seco al día aumentaron la proliferación de ciertos linfocitos y bajaron la PCR, un marcador de inflamación (Dai et al., 2015).

No forman el mismo gel que los de la avena: sus cadenas se ramifican de otra manera, y el efecto de los de la avena sobre el colesterol no vale para ellos. Su interés está en ese diálogo con la inmunidad, todavía muy estudiado. La cocción no los destruye, y menos mal: la mayoría de las setas se comen cocinadas.

Fuentes: Brown y Gordon, Nature, 2001 · Dai et al., J Am Coll Nutr, 2015

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Setas